¿Qué debo comer durante un ciclo de reproducción asistida?

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A menudo, cuando están comenzando su tratamiento de reproducción asistida, las pacientes se ven asaltadas por un millón de dudas. Y unas de las que recibimos más a menudo tienen que ver con los hábitos alimenticios: ¿Qué puedo comer y qué no? ¿Tengo que hacer algún cambio en mi dieta? Si tomo mucho azúcar, ¿tendré menos posibilidades de quedarme embarazada? ¿De verdad importa tanto lo que comamos durante un ciclo de reproducción asistida?

La respuesta es que sí. La alimentación y el estilo de vida tienen un efecto importante en la calidad de los ovocitos que produce una mujer cada mes, y por tanto afectará a sus posibilidades de quedarse embarazada. Si queremos ser mamás, tenemos que cuidar más que nunca lo que comemos.

Los malos hábitos, como saltarse comidas, picar entre horas o abusar de los productos industriales, no solo son dañinos para nuestro organismo, sino que además pueden reducir nuestra capacidad fértil, al provocar desequilibrios hormonales que interfieren en el correcto desarrollo de los ovocitos. Incluso pueden afectar de forma negativa al desarrollo del bebé.

¿Cómo afecta la alimentación a la fertilidad?

Una buena dieta es fundamental cuando estamos preparándonos para iniciar un tratamiento de reproducción asistida. Estos son algunos de sus beneficios:

  • Ayuda al correcto desarrollo de los ovocitos
  • Permite obtener un número suficiente de ovocitos con la estimulación ovárica
  • Facilita el crecimiento endometrial
  • Favorece la implantación embrionaria

Además, la alimentación es determinante para que el bebé se desarrolle correctamente.

 

Pautas alimenticias durante un tratamiento de reproducción asistida

Estos son los factores a los que debes prestar más atención durante tu tratamiento:

Mucha energía

Para la maduración de los ovocitos, el cuerpo necesita mucha energía. Para proporcionársela optaremos por los ácidos grasos esenciales (EPA y DHA) y el omega-3.

¿Dónde la conseguimos? El pescado, el aguacate, los frutos secos (nueces, anacardos almendras…) y las semillas (chía, calabaza, linaza) son fuente de grasas ‘buenas’, beneficiosas para el organismo y que ayudarán al desarrollo de los ovocitos.

Es importante que reduzcamos la ingesta de alto índice glucémico, como el pan blanco, la pasta, el arroz y otros cereales, además de los dulces.

Vitaminas del grupo B (B1, B2, B6, B9, B12)

Estas vitaminas participan en la maduración ovocitaria y en la producción de progesterona. Además, permiten que la ovulación mensual se desarrolle de manera correcta e impulsan el crecimiento del endometrio, lo que facilita la implantación del embrión.

¿Dónde las conseguimos? Para mantener unos niveles adecuados de todas estas vitaminas debemos ingerir suficientes proteínas, variando las de origen animal y vegetal, y cereales integrales. Estos últimos serán además una buena fuente de fibra.

Vitamina C y vitamina E

Son potentes antioxidantes que protegen nuestras células del estrés oxidativo, uno de los factores que reducen la calidad de los ovocitos.

¿Dónde las conseguimos? Están presentes en frutos secos, frutas y en verduras de hoja verde, que además son una buena fuente de ácido fólico y de otras vitaminas y minerales.

Vitamina D

Según diversos estudios científicos, el sistema reproductor femenino cuenta con varios receptores de vitamina D, por lo que juega un papel fundamental en la fertilidad. Su carencia está relacionada con una tasa mas baja de éxito reproductivo.

¿Dónde la conseguimos? Está presente en pescados grasos, carnes y derivados animales. Además, el cuerpo la sintetiza de forma natural cuando tomamos el sol.

Minerales como hierro, calcio, magnesio, zinc, selenio

El calcio participa en el proceso de maduración de los ovocitos y es fundamental en la fertilización. La carencia de hierro, por su parte, puede disminuir las probabilidades de que el embrión se implante en el endometrio. Por último, el zinc y el selenio tienen propiedades antioxidantes.

¿Dónde los conseguimos? Se encuentran en verduras, frutos secos y alimentos de origen animal.

 

En función de tus necesidades, es posible plantear junto al médico y el nutricionista la opción de añadir un suplemento alimenticio a la dieta.