Implantación embrionaria y embarazo

implantación embrionaria

La relación entre el embrión y el endometrio es uno de los procesos más bonitos que ocurren en el interior del cuerpo humano.

El endometrio es el tejido que recubre el útero, donde se adhiere el embrión hasta adentrarse en su interior para seguir con su desarrollo. Proceso que ocurre tras la fecundación del óvulo en el laboratorio (ICSI) y posterior cultivo. Una vez que el embrión llega a blastocisto, se transfiere al útero. En reproducción asistida, se clasifican los embriones teniendo en cuenta su calidad y otros parámetros como su simetría, tamaño o fragmentación celular. Los embriones pueden ser A, B, C y D, siendo las calidades A/B las más óptimas para la implantación embrionaria.

Fases de la implantación embrionaria

A continuación, exponemos los «pasos» que da el embrión hasta adentrarse en el útero materno:

Eclosión

Unos 5 o 6 días después de la transferencia embrionaria, el embrión eclosiona, desprendiéndose de una capa externa que lo protege y se implanta en el endometrio. En este momento comienza su viaje: el embarazo.

Aposición

Unos siete días después, pierde la zona pelúcida y el trofoblasto situado en el polo embrionario hace contacto con la capa compacta del endometrio. Es aquí donde comienza su relación con el útero.

Adhesión

Cuando el embrión entra en contacto con el útero y otras células que invaden el endometrio, es cuando entra en contacto con la sangre materna. Durante esta última fase es cuando se produce una “rotura” del endometrio y donde se forman nuevas terminaciones para su correcta adhesión en la pared del útero, lo que le permitirá continuar con su desarrollo como feto.

Durante la implantación embrionaria la mujer sufre algunos cambios leves en su cuerpo. Uno de los más frecuentes es el conocido sangrado de implantación, donde se produce una rotura de los vasos sanguíneos endometriales. Es un sangrado común y no implica ningún riesgo para la correcta evolución del embarazo.

Sin embargo, si el embrión no se anida de forma correcta al útero, se producirá un fallo de implantación embrionario y la gestación no seguirá adelante.

Factores inmunológicos durante la implantación embrionaria

Para que las fases de la implantación embrionaria anteriormente citadas se produzcan correctamente, el sistema inmunológico de la madre puede reaccionar de una forma u otra. Teniendo en cuenta que la mitad de los genes son paternos y la otra mitad maternos (en el caso de la ovodonación o doble donación, genes de donantes), el cuerpo materno debe generar una inmuno-tolerancia para aceptar al embrión, que es un organismo genéticamente diferente a las células maternas. Para esto ocurre una inmunosupresión, que se mantendrá durante todo el embarazo. En ocasiones, no ocurre así, y se genera una intolerancia inmunológica. Si esto sucede, es probable que la mujer sufra un fallo de implantación o posteriormente, un aborto. En cambio, si los genes maternos y paternos son compatibles entre sí y el organismo materno tiene una inmunosupresión adecuada, comenzará sin problema el embarazo y crecimiento del feto.

Cuando el sistema inmune no realiza esta inmunotolerancia anteriormente comentada, reconoce al embrión como extraño y se forman anticuerpos que impiden la implantación del embrión. En estas pacientes, se encuentra un número elevado de células Natural Killer (NK), un tipo de linfocitos con capacidad para destruir los organismos que no reconocen al embrión como parte del cuerpo de la mujer.

Otra de las respuestas inmunológicas que se pueden dar durante esta fase de implantación puede ser el síndrome antifosfolípido. Existen algunas mujeres con la presencia de determinados anticuerpos elevados que provocan hipercoagulabilidad, lo que conlleva a la formación de trombos en la placenta y a la pérdida del embarazo, teniendo estas pacientes un riesgo mayor de trombosis o abortos de repetición (lo que define este síndrome).

Asimismo, las trombofilias son una de las causas más comunes de los fallos de implantación embrionaria o abortos recurrentes. Si la paciente padece algún tipo de trombofilia (predisposición a formar coágulos en la sangre), esto puede suceder en la placenta y bloquear el desarrollo del feto.

Tanto estas como otras causas de infertilidad inmunológica deben ser diagnosticadas y estudiadas por un especialista para poder indicar el mejor tratamiento de reproducción asistida para la paciente.

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